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Tres mentalidades para una entrevista de trabajo

Vida y finanzas

Three Job Interview Mindsets
Al prepararse para una entrevista de trabajo, es fácil centrarse en cómo se cumplen las expectativas que los demás tienen de uno, en lugar de considerar qué expectativas se tienen para el próximo trabajo y el futuro empleador.

Es la noche anterior a la entrevista. Ya tienes todo listo, tu currículum recién salido de imprenta y has consultado tu ruta en Google Maps. Has investigado sobre la empresa y has practicado cómo responder a las preguntas difíciles. Estás perfectamente preparado, y aun así te sientes hecho un manojo de nervios.

Esto se debe a que, si bien solemos anticipar y prepararnos bastante bien para los desafíos externos, tendemos a ser menos hábiles para anticipar los internos. Dedicamos mucho tiempo a pensar en lo que debemos comunicar al entrevistador, pero no nos tomamos el tiempo necesario para pensar en lo que debemos decirnos a nosotros mismos durante el proceso de entrevista.

Incluso la entrevista de trabajo más sencilla es mentalmente exigente. Hay que estar alerta y preparado para escuchar. Hay que pensar con rapidez y recordar ejemplos y experiencias relevantes. Hay que percibir las reacciones del entrevistador y adaptarse a ellas. Y mientras el cerebro intenta procesar todo esto, hay que sonreír, actuar con naturalidad y mantener un nivel básico de tranquilidad y confianza. Es todo un reto.

Por suerte, hay algunas observaciones que puedes hacer para aliviar los nervios previos a la entrevista. Si buscas ideas que te tranquilicen y te den confianza, considera los siguientes enfoques para tu entrevista de trabajo. Léelos, reflexiona sobre ellos, escribe sobre ellos en un diario; haz lo que sea necesario para que estos conceptos estén presentes durante todo el proceso de preparación. Además de tu lista de referencias, copias adicionales de tu currículum y carta de presentación, y un buen suministro de caramelos de menta, aquí tienes tres mentalidades útiles para tu próxima entrevista de trabajo:

1. Tus nervios son una señal de tu excitación.

No es raro que un amigo o familiar te diga: “¡Oye, no te pongas nervioso!” antes de una presentación importante, una actuación o una competición. El problema es que este comentario puede ponerte aún más nervioso. A veces, intentar minimizar o ignorar la ansiedad solo consigue intensificarla. En cambio, puede ser útil reconocer esa sensación de nerviosismo, explorarla y luego reinterpretarla como algo positivo. En lugar de interpretar tu ansiedad como miedo al fracaso, puedes optar por interpretarla como una auténtica emoción. Quizás estés nervioso porque, en el fondo, sabes lo importante que puede ser esta oportunidad para cambiarte la vida. Tal vez, más allá de los nervios, puedas ver todas las cosas buenas que te esperan tras una entrevista exitosa. En un estudio reciente de la psicóloga Alison Wood Brooks, de la Harvard Business School, se descubrió que reinterpretar la ansiedad como emoción mejoraba el rendimiento de los participantes en situaciones de alto estrés. Así que, la próxima vez que sientas que se te acelera el corazón y se te agarrotan las manos, ¡véalo como una señal de que estás emocionado por lo que está por venir!

2. Tu entrevistador te está apoyando en secreto.

En el estresante periodo previo a una entrevista de trabajo, es fácil imaginar al entrevistador como un antagonista. Quizás pienses que intenta pillarte desprevenido, hacerte quedar mal o disfrutar de alguna manera exponiendo tus debilidades. La verdad es que el entrevistador quiere que te vaya bien; de hecho, espera que seas el candidato perfecto para el puesto. Ponte en el lugar de tu posible empleador: contratar a alguien nuevo puede ser un proceso costoso, frustrante y que consume mucho tiempo. A estas alturas, es posible que el entrevistador ya haya revisado cientos de currículums y realizado decenas de entrevistas sin que se vislumbre el final. El entrevistador quiere que entres y seas la opción obvia. Ten en cuenta que no estás compitiendo con el entrevistador: una entrevista exitosa para ti también cuenta como un éxito para él. Aunque no lo parezca a simple vista, el entrevistador es tu mayor (y secreto) defensor, así que aborda cada pregunta como una oportunidad para destacar por qué eres, de hecho, justo lo que la empresa ha estado buscando.

3. Tú decides si coincide o no.

Es fácil estresarse por cosas que no puedes controlar, lo cual es otra razón por la que las entrevistas de trabajo pueden aumentar tu ansiedad. Hay tantas incógnitas en el proceso (¿Qué pensarán de mí? ¿Qué preguntas me harán?) que es difícil sentir que tienes algún control en la entrevista. Es importante recordar que, aunque la incertidumbre es parte natural de la búsqueda de empleo, sí tienes cierto control. La entrevista es una oportunidad para que evalúes a tu posible empleador al mismo tiempo que el entrevistador te evalúa a ti. No tengas miedo de cambiar el rumbo y hacerle preguntas al entrevistador. Pregunta sobre las mayores oportunidades y desafíos que enfrenta el departamento para el que te estás entrevistando. Pregunta sobre los próximos pasos. Haz preguntas apropiadas que te ayuden a evaluar si la empresa es adecuada para ti. Cambiar el rumbo te da la oportunidad de dirigir la conversación y sirve como un pequeño recordatorio de que una entrevista de trabajo es más que simplemente complacer a los demás: también buscas crear una oportunidad gratificante para ti.

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Al prepararte para una entrevista de trabajo, es fácil centrarse en cómo cumples con las expectativas de los demás, en lugar de considerar tus propias expectativas para tu próximo empleo y futuro empleador. Las tres mentalidades descritas anteriormente sirven como recordatorio de que, a pesar de las incertidumbres y el estrés, la entrevista de trabajo es, en última instancia, una experiencia enriquecedora que te acerca a tus metas profesionales y personales.