Utiliza la psicología para crear un presupuesto que puedas cumplir.
Cuando empiezas a buscar asesoramiento financiero (o cualquier otro tipo de asesoramiento), los expertos te darán su opinión sobre lo que es "bueno" y lo que es "malo". En finanzas personales, hay algunas clasificaciones en las que todos podemos estar de acuerdo: la deuda es mala. Los fondos de emergencia son buenos. Sobregirar tu cuenta es malo. Ganar intereses sobre tus ahorros es bueno.
Más allá de los ejemplos obvios, las directrices son algo confusas; además, los gurús de las finanzas suelen contradecirse. Un experto dirá que gastar dinero es "malo" y ahorrar es "bueno". Otro dirá que ahorrar es "malo" e invertir es "bueno". Un tercero podría decir que existen algunas inversiones "malas" y algunas formas de deuda "buenas".
Si cada vez que usas tu tarjeta de crédito o revisas tu extracto bancario mensual, te debates internamente entre el bien y el mal, probablemente sea hora de replantearte tu forma de administrar tu presupuesto. Empieza por dejar de lado la tendencia a clasificarlo todo como "bueno" o "malo". Hay buenas y malas maneras de gastar dinero, al igual que hay buenas y malas maneras de ahorrarlo. Siguiendo esa lógica, también hay buenas y malas maneras de presupuestar.
Un buen presupuesto es, sencillamente, aquel que funciona para ti. Te permite cubrir tus necesidades y planificar tus objetivos, y —lo más importante— te motiva a seguir presupuestando. Los sistemas de presupuestación exitosos varían enormemente en su enfoque y en las herramientas necesarias, pero suelen tener como pilares tres acciones fundamentales:
• PRIORIZAR
• PISTA
• PREMIO
Estos elementos básicos no solo te ayudan a organizar tus finanzas, sino que también pueden aumentar tu motivación (y existen estudios científicos que lo demuestran). Sigue leyendo para descubrir si tu sistema de presupuesto actual incluye estos tres elementos.
1. PRIORIZAR
Qué significa: Priorizar tus metas implica dedicar un tiempo a la reflexión personal y anotar algunas cosas. Priorizar tus metas no debe confundirse con categorizar tus gastos; no hablamos de revisar tu hoja de cálculo de presupuesto y pensar si la comida rápida y la comida para llevar deberían agruparse en una sola categoría. Ni siquiera hablamos de para qué crees que "deberías" ahorrar. No, hablamos de tus metas. ¿Cómo quieres que sea tu vida en los próximos años? ¿Sueñas con capacitarte para una nueva carrera? ¿Vivir una aventura en el extranjero? ¿Organizar una boda increíble? ¿Emprender tu propio negocio? ¿Formar una familia? Deja que tus metas sean un espacio libre de juicios: las metas y los sueños son tan diversos como las mentes y personalidades que los impulsan. En la mayoría de los casos, las metas van más allá de la típica tríada de "pagar los préstamos estudiantiles, comprar una casa y ahorrar para la jubilación".“
Por qué funciona: Priorizar tus objetivos te entusiasma con lo que tu dinero puede hacer por ti. Hay un par de factores motivadores en juego. Primero: al priorizar tus objetivos, estás afirmando tus creencias y tus valores. También te recuerdas por qué estás dispuesto a adoptar un sistema de presupuesto en primer lugar. Los estudios muestran que te involucras más en actividades que te aportan valor, y aunque el presupuesto literalmente trata con valores (del tipo monetario), incluir tus valores personales en tu sistema de presupuesto es lo que genera determinación y resistencia. Crear y mantener una nueva rutina es un fastidio si crees que tienes que hacerlo o que deberías hacerlo; es mucho más fácil si eres consciente de por qué quieres hacerlo. Segundo: priorizar tus objetivos es un excelente punto de partida porque te recuerda que tú tienes el control. Tú decides a dónde va tu dinero. Los científicos sociales señalan la autonomía como un elemento fundamental para mantener la motivación, ¿y qué hay más autónomo que darse cuenta de que tu presupuesto es un conjunto de decisiones que tomas para crear la vida que deseas?
Para empezar: toma un lápiz y papel. Pregúntate qué quieres. Piénsalo durante 10 minutos. Anota las respuestas. Date cuenta de que son alcanzables.
2. PISTA
Qué significa: Controlar tus gastos implica ser consciente de adónde va tu dinero mientras lo gastas. Aquí es donde los expertos en finanzas vuelven a discrepar: algunos defienden el control de gastos con lápiz y papel, otros prefieren las aplicaciones de presupuesto y las hojas de cálculo, y algunos proponen métodos más originales, como dividir el dinero para gastos en sobres. Lo bueno es que no importa cómo lo hagas, sino que lo hagas. Al controlar tus gastos, enseguida te das cuenta de un par de cosas. Empiezas a comprender que cada transacción, por grande o pequeña que sea, contribuye a un objetivo o lo perjudica. No existe eso de "comprar un café con leche y especias de calabaza solo porque sí". Pronto verás que el coste de ese café especial sale de algún sitio; idealmente de tu presupuesto, pero también podría salir de tu fondo para vacaciones, de la compra o del pago de tu préstamo estudiantil. Lo segundo que notarás es que cuanto más tiempo lleves registrando tus gastos, más pruebas verás de tu progreso.
Por qué funciona: Otro elemento crucial para mantener la motivación es la competencia, es decir, la capacidad de hacer algo bien. Resulta que nos motiva que nos recuerden que estamos mejorando. A simple vista, llevar un registro de tus gastos te ayuda a identificar tus patrones de gasto y a corregir el rumbo cuando sea necesario. Más importante aún, al llevar un registro de tus gastos, también estás registrando tus esfuerzos. Estás creando un registro de tu progreso junto con un registro de tus transacciones. Pronto tendrás pruebas tangibles de cómo tus acciones y tu constancia contribuyen a una vida financiera más tranquila y feliz. Verás lo capaz que eres de presupuestar. Te resultará más fácil (e incluso emocionante) mantener tu racha de éxitos presupuestarios.
Para empezar: prueba hoy mismo un nuevo sistema de presupuesto. Busca en la App Store, haz una búsqueda rápida en internet o lee un libro sobre el tema. No pierdas mucho tiempo evaluando ni comparando diferentes métodos. Simplemente elige uno y pruébalo.
3. RECOMPENSA
Qué significa: Recompensarte a ti mismo significa motivarte y celebrar tu progreso a medida que creas hábitos financieros más saludables. No temas usar la creatividad al definir tus metas y recompensas financieras personales. Las metas pueden basarse en el tiempo (por ejemplo, usar una aplicación de presupuesto todos los días durante 30 días), en logros (por ejemplo, pagar todas las deudas de tarjetas de crédito) o en incrementos (por ejemplo, que tu fondo de emergencia alcance los 500, 1000, 2000…). Las recompensas también pueden adoptar muchas formas; las recompensas materiales son las más comunes, pero considera incorporar también recompensas basadas en el tiempo y la experiencia (por ejemplo, puedes incluir como recompensa "permiso para pasar un día entero descansando").
Por qué funciona: Sencillamente, las recompensas nos hacen sentir bien. Resaltan nuestros logros y renuevan nuestro compromiso. De niños, nos encantaba ganar esas pegatinas de estrellas doradas, y aunque esa estructura familiar de logro/recompensa prácticamente desaparece con la edad, no significa que las recompensas sean menos efectivas en la edad adulta. Al asignar recompensas a cada hito de un objetivo, creas un incentivo adicional y aumentas tu motivación. Cuando ganas, reclamas y disfrutas de una recompensa, tu cerebro recibe una dosis extra de dopamina, lo que a su vez aumenta tu concentración y tu impulso.
Para empezar: Pon un temporizador de 10 minutos y crea dos listas: una de objetivos presupuestarios y otra de posibles recompensas. Transcurridos los 10 minutos, asigna las recompensas a tus objetivos. Deben premiar tu esfuerzo de forma realista y, a la vez, ser muy motivadoras. Cuando alcances tus objetivos, reclama tus recompensas.
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Elaborar un presupuesto contribuye a tu capacidad para cumplirlo. Refuerza tus valores, fomenta la competencia y resalta tus logros a medida que avanzas. Incorporar la metodología de Priorizar, Monitorear y Recompensar a tu método de presupuestación aumentará tu motivación y, al mismo tiempo, te ayudará a alcanzar tus metas financieras personales.



